Prohíben a cardenal católico celebrar misa en Santo Sepulcro

Intervención policial en Jerusalén

La policía israelí impidió al cardenal Pierbattista Pizzaballa, jefe de la Iglesia católica en Tierra Santa, celebrar la misa del Domingo de Ramos en la iglesia del Santo Sepulcro, un acto sin precedentes en la historia reciente, según informó el Patriarcado Latino de Jerusalén. Este hecho ha suscitado condenas internacionales, destacando las reacciones de Italia y Francia.

Contexto del conflicto

El incidente ocurrió en medio de las tensiones existentes entre Israel y Estados Unidos con Irán, situación que ha llevado a las autoridades israelíes a cerrar varios lugares sagrados en la Ciudad Vieja de Jerusalén, incluyendo la Mezquita de Al Aqsa, el Muro de las Lamentaciones y el Santo Sepulcro.

Junto al cardenal Pizzaballa, también fue detenido el Custodio de Tierra Santa, Francesco Ielpo, cuando se dirigían de manera privada hacia el Santo Sepulcro. La policía israelí no ha emitido un comunicado oficial sobre el incidente, que ha generado una fuerte reacción del Patriarcado Latino.

Reacciones y llamados a la paz

Tras el bloqueo, el cardenal Pizzaballa encabezó una oración por la paz en Jerusalén durante una ceremonia en la Basílica de Getsemaní, al pie del Monte de los Olivos. En esta ceremonia, el cardenal lamentó la situación de Tierra Santa y pidió por el fin del conflicto, enfatizando que Jerusalén sigue siendo un símbolo de esperanza y dolor.

El Patriarcado Latino de Jerusalén señaló que esta prohibición representa un “grave precedente” que afecta la sensibilidad de millones de creyentes en el mundo, especialmente durante la Semana Santa. Las restricciones actuales limitan las concentraciones en lugares de culto a un máximo de 50 personas, debido a medidas de seguridad relacionadas con el conflicto regional.

Implicaciones y futuro

La comunidad internacional y los líderes religiosos esperan una pronta resolución del conflicto que permita el libre ejercicio de la libertad religiosa en los lugares sagrados de Jerusalén. El incidente plantea importantes desafíos para las relaciones diplomáticas y el diálogo interreligioso en la región.