Don José Luis Castillo: símbolo de lucha en el 8M por su hija Esmeralda

Un padre incansable en su búsqueda de justicia

El 19 de mayo de 2009, la vida de la familia Castillo Rincón cambió para siempre. Esmeralda Castillo, una adolescente de 14 años, desapareció en Ciudad Juárez mientras se dirigía a la escuela. Desde ese día, su padre, José Luis Castillo, ha convertido su búsqueda en una misión de vida, participando en las marchas del 8 de marzo, uniendo su lucha personal a la de miles de mujeres en México.

Un símbolo en las marchas del 8M

Don José Luis es una presencia constante en el 8M, donde su figura lanzando brillantina rosa al aire se ha vuelto icónica. Este gesto simboliza la luz y el recuerdo de su hija y de todas las mujeres desaparecidas. Cada año, con la frase “No me olviden, falto yo” colgando de su cuello, marcha entre los contingentes que avanzan por calles como Paseo de la Reforma en la Ciudad de México.

El abrazo del movimiento feminista

En 2026, durante la marcha del 8M en la Ciudad de México, Don José Luis fue recibido con aplausos y muestras de apoyo. Las manifestantes, en un acto de solidaridad, abrieron sus filas para abrazarlo y gritar “¡No estás solo!”, recordándole que su lucha es también la de ellas. Esta unión es un reflejo del poder del colectivo para enfrentar la impunidad y exigir justicia.

Una lucha que no cesa

A pesar de los años y la falta de avances en la investigación sobre el paradero de Esmeralda, Don José Luis no se rinde. Su participación en las marchas es un recordatorio de que cada persona desaparecida es una herida abierta en la sociedad mexicana. Con cada paso que da, renueva su compromiso de encontrar a su hija y de luchar contra la violencia que afecta a tantas mujeres en el país.

Conclusión

La historia de Don José Luis Castillo es un testimonio de resistencia y amor paternal. Su incansable búsqueda de justicia para Esmeralda ha trascendido más allá de su dolor personal, convirtiéndose en una voz poderosa dentro del movimiento feminista en México. Su presencia en las marchas del 8M es un llamado a no olvidar y a seguir luchando por todas aquellas que aún no han regresado a casa.