Sheinbaum Recibe a Poniatowska y Jesusa Rodríguez en Palacio Nacional

Un Encuentro Entre Mujeres de Trayectoria

El 9 de abril de 2026, la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, tuvo el placer de recibir en Palacio Nacional a dos figuras emblemáticas de la cultura y el activismo en México: la escritora Elena Poniatowska y la activista Jesusa Rodríguez. La reunión, de carácter privado, fue compartida a través de redes sociales, generando un eco significativo en la esfera pública.

Un Cariñoso Reconocimiento

Sheinbaum expresó su alegría con la frase “Estoy feliz”, destacando la visita de quien considera su “escritora favorita”. “Elena Poniatowska no solo es una gran escritora mexicana, sino también una mujer siempre comprometida con las causas nobles y justas del pueblo de México y con las mujeres”, afirmó la mandataria.

Por su parte, Poniatowska, autora de obras significativas como La noche de Tlatelolco, se mostró emocionada por el encuentro. “Me emociono mucho, ya estoy viejita”, comentó con una sonrisa, antes de subrayar que la presidencia de Sheinbaum representa un logro colectivo para las mujeres mexicanas.

Jesusa Rodríguez y el Momento Político Actual

La activista y directora de teatro Jesusa Rodríguez también estuvo presente, evocando recuerdos de su colaboración con Sheinbaum en el Zócalo de la Ciudad de México durante las asambleas de Andrés Manuel López Obrador en 2006. Rodríguez expresó su admiración por estar junto a “sus dos estrellas máximas”, refiriéndose a Sheinbaum y Poniatowska, y destacó la importancia del momento político que vive México.

“Viví para ver este momento de México, es lo que esperé toda mi vida. Son mi guía y ejemplo. Soy feliz”, declaró Rodríguez, resaltando la significancia histórica de tener a la primera mujer presidenta.

Conclusión

Este encuentro no solo refleja la admiración y el respeto mutuo entre estas tres mujeres, sino que también simboliza un reconocimiento al compromiso con las causas sociales y el avance de los derechos de las mujeres en el país. La reunión en Palacio Nacional se convierte así en un símbolo poderoso del cambio y la esperanza en el panorama político y social de México.